martes, 15 de diciembre de 2009

La promesa


I Parte. La resurrección.
Lo leí en Diario Extra. Una señora tenía un cáncer en el hígado. El tumor era enorme y la única posibilidad de salvarla era hacer una apuesta de todo o nada. La doña se animó y los doctores procedieron. Tras dormirla en el quirófano, lo primero que hicieron fue matarla. Le provocaron un paro cardiorespiratorio y la doñita quedó muerta. Su corazón no latía y sus pulmones no respiraban. Sin embargo, los doctores se encargaron de que el cerebro continuara vivo. (No me pregunten cómo lograron que el cerebro siguiera vivo sin que la sangre circulara, porque no lo sé). Ya con la señora muerta, le sacaron toda la sangre del cuerpo para que el hígado quedara seco. Una vez vaciada de sangre, procedieron a retirar el tumor del hígado y, terminada esta operación, la volvieron a llenar de sangre fresca. Entonces, sin tumor y con sangre nueva, procedieron a resucitar a la señora que no solo vivió para contar el cuento sino que a pocas horas de su viaje al más allá estaba dando declaraciones a la prensa. Por puro tercermundismo, uno pensaría que esto sucedió en uno de los grandes centros de investigación científica, pero no, ocurrió aquí, en Tiquicia, en nuestro Benemérito Hospital San Juan de Dios, en noviembre del 2009.

II Parte. La Promesa
Adán y Eva eran animalitos. Vivían en el jardín del Edén, es decir, formaban parte del ecosistema, junto con las plantas y los otros animales. La fruta que comieron fue del árbol del conocimiento. La serpiente, al ofrecérsela, les prometió: "Si coméis de este fruto seréis como dioses". Al probar el fruto del árbol del conocimiento, tuvieron conciencia de sí mismos, se les abrieron los ojos y descubrieron que estaban desnudos. Fueron expulsados del paraíso y un ángel con una espada de fuego les impide entrar de nuevo. Ya no eran animales, ya no formaban parte de la creación sino que eran ajenos a los que los rodeaba. Experimentaron la soledad de no ser parte del medio en que se encuentran y de alguna forma nos heredaron la nostalgia por la época dichosa, inocente, en que sin haber probado el conocimiento vivían felices como una criatura más entre las otras. Desde entonces no somos parte del ecosistema. Se dice que la serpiente mintió solo para jodernos la vida, pero, si lo pensamos bien, ahora que hemos descifrado el código del genoma humano, hemos clonado una oveja, nos hemos ido a pasear a la Luna y estamos resucitando gente en el San Juan de Dios, todo parece indicar que la promesa "Y seréis como dioses" se va a cumplir. Lo curioso es que el cumplimiento de esa promesa no suena nada atractivo. Fue importantísimo domesticar animales, descubrir la agricultura y fabricar las primeras herramientas. Se nos hizo la vida más fácil con la mecánica y con el avance de la medicina. Pero ya a estas alturas del partido, no falta quien se pregunte si ya habremos llegado demasiado lejos. Tal vez ya se nos fue la mano.

III Parte
Mi tío Mario me regaló un ejemplar de la primera edición de Selecciones del Readers Digest publicada en español. Viene un artículo sobre el vuelo de los hermanos Whright en 1911. Resulta que la multitud vio impresionada como aquel aeroplano de madera, tela y piezas tomadas de bicicletas se elevaba, planeaba suavemente y aterrizaba sin problema. Los periódicos locales reseñaron el hecho con entusiasmo, pero los periódicos de otras ciudades, a quienes informaron del hecho, no publicaron nada. Los hermanos Whright se fueron de gira, de pueblo en pueblo, de Estado en Estado, para hacer demostraciones con su aparato y solamente los periódicos locales reseñaban el acontecimiento. ¿Por qué? Pues sencillamente porque quienes no lo veían no podían creerlo. Cuando al director de un periódico le llegaba el telegrama informándole del vuelo en tal ciudad, simplemente lo descartaba porque creía que era mentira. Sin embargo, la noticia circulaba, más como un rumor que como un hecho comprobado. El asunto llegó a oídos del Presidente Theodore Roosevelt, quien solicitó a una comisión de expertos que le rindiera un informe. Los expertos, grandes profesores de física de importantes universidades, informaron al presidente que era imposible que un aparato más pesado que el aire lograra elevarse. Roosevelt creyó en la opinión de los sabios hasta que vio elevarse un aeroplano ante sus propios ojos. El resto es historia conocida. El primer vuelo fue en 1911 y ya para la I Guerra Mundial (1914-1918) la aviación fue protagonista. El punto es: ¿Cuál noticia, relacionada con tecnología, sería descartada de publicar por parecer increíble o imposible el día de hoy, cuando hasta en el San Juan de Dios se resucita gente?