jueves, 21 de enero de 2010

La factura

Ayer fui a desayunar a una soda. Iba por la mitad de mi gallo pinto cuando entró un anciano muy alto y muy flaco. "El sol ya está muy fuerte", me dijo. Se sentó en la mesa de al lado y quedó claro que no quería tomar nada más que la sombra. La ropita era vieja, pero de buen gusto y bien combinada. Llevaba puesto un saco que le quedaba nadando, tal vez porque en otra época fue más corpulento.
Se presentó. Su nombre era Gino y no permitió que lo llamara señor, ni don. Gino a secas. Sin embargo, él a mí desde el primer momento me trató de Carletto. (Carlitos, en italiano).
Me contó su vida en cinco minutos. Nació en Sicilia en 1925. Para que no fuera a la guerra, su padre lo mandó a Suiza. De allí pasó a Barcelona y luego, en 1963, llegó a Costa Rica cuando los ticos estaban terminando de barrer la ceniza que estuvo tirando el volcán Irazú.
Su tragedia me la contó en una sola línea: "Yo tuve muchísima plata, pero me agarró el Diablo."
Le pregunté por su familia.
"Tengo mujer y dos hijos, pero me echaron de la casa".
Tras unos segundos de silencio, agregó:
"Tienen razón, yo hice mucho loco".
Entonces me contó una anécdota de los buenos tiempos. Llegó a almorzar a la Soda Palace y le pidió a don Pepe (el dueño de la soda) que le sirviera una langosta termidor y la mejor botella de vino de su reserva. En la acera, un grupo de niños descalzos, una señora con un bebé, un grupo de borrachines y un violinista, también alcohólico, pedían limosna. Al verlos Gino ordenó que les pusieran una mesa y les sirvieran lo que pidieran. Muy feliz, con una gran sonrisa, Gino evocaba ese momento. Cuando Gino le dio a probar el vino bueno, el violinista dijo: "¡Qué guaro más rico!"
Al final del banquete, don Pepe le dijo a Gino: "Hay un problema, la cuenta es de once mil colones". Eso fue hace como cuarenta años, con tipo de cambio de seis colones sesenta por dólar.
Gino respondió, "No hay problema de que sean once mil colones de cuenta, es más, son doce, porque les voy a regalar mil a las empleadas".
En loqueras como esta fue que este viejo siciliano tiró al viento la fortuna que le dejaron sus padres.
Arruinado y todo, sigue siendo generoso. Puso su paquete Derby sobre la mesa y, a quien veía buscando los cigarros, le ordenaba con voz fuerte mientras le aceraba su paquete: "Prende di quá!"
Ahora Gino anda vendiendo perfumes. Le compré una colonia y, al pagarle, antes de meterse la plata en el bolsillo, me pasó los billetillos por la frente, el pecho y de hombro a hombro. Es decir, me persignó y me bendijo con la plata de su primera venta del día.
Gino es un hombre alegre que, en pocas semanas, cumplirá ochenta y cinco. "La vida es hermosa, Carletto, no me arrepiento de nada y he disfrutado mucho mis andanzas por este mundo. Solo una cosa fea tiene la vida, y es que la factura te la pasa al final. Sería mejor que te la pasara a la entrada o a medio camino, pero no, es al final cuando te llega la factura."

sábado, 16 de enero de 2010

¡Cómo cuesta entenderlo!


Una de las razones por las que creo que tanto el origen como el destino de la humanidad está en el paraíso, es lo difícil que nos resulta comprender el dolor y el sufrimiento. Acaba de pasar el terremoto en Haití y cada día las noticias informan acerca de la magnitud de la tragedia. Hoy, durante mi desayuno, observé una fotografía en la que aparecía un grupo numeroso de personas haciendo fila bajo el Sol para recibir agua potable.
Desde el primer momento, cuando supe que el terremoto en Haití había causado alrededor de cien mil muertes, mi pensamiento hizo un repaso rápido. Haití es el país más pobre del continente, la mayoría de la población no tiene electricidad, ni agua de cañería, ni servicios médicos. Son numerosos los casos de SIDA y allí todavía no se han erradicado ni la lepra, ni la tifoidea, ni la tuberculosis ni tantas otras enfermedades que en muchos países ya pasaron a la historia. La infraestructura es mínima y la mayoría de la población vive en ranchitos. El analfabetismo y el desempleo son también enormes. Entonces, ante la noticia del terremoto, mi primera reacción fue: ¿Por qué a ellos? ¿Es que no han sufrido bastante? ¿Cómo puedo explicarme a mí mismo que esas cosas sucedan?
Insisto: creo que el origen de la humanidad estuvo en el paraíso. De allí salimos y nuestro destino es volver a él. Tal vez por eso, por tener el Jardín del Edén en ambos extremos de nuestra historia, es que no podemos comprender el dolor y el sufrimiento. ¿Quién puede entenderlo? ¿Quien tiene una explicación? ¿Por qué Haití? ¿Por qué más, y más, y más para Haití?
La historia de Haití se parece a la de algunas personas. Conozco un caso en particular de alguien que llevó palo desde la infancia, llena de maltratos y de mala salud, que nació, creció, vivió y sigue viviendo en una pobreza, además de aguda, crónica. Sufrió de abusos y maltratos por parte de su cónyuge y de sus patronos y ahora, los encargados de atormentarla son sus propios hijos. Es uno de esos casos, que abundan, que cuando por fin ven la luz al final del túnel, resulta ser el tren que viene de frente.
Soy optimista. A este tipo de situaciones se les puede encontrar alivio, consuelo y hasta solución. Lo que no se les puede encontrar (al menos yo no puedo) es una explicación.
Pero esta nota se me está poniendo triste, así que lo mejor será cerrarla con consuelo y optimismo.
En la Extra de hoy, el costarricense Hernán Aguilar Gómez, quien estuvo en Haití durante el terremoto cuenta dos detalles significativos. Tras el sismo, llegó al hotel una señora con un niño herido. El niño tenía la cabeza abierta por un golpe y lloraba mucho. Ellos no tenían nada que darle para aliviar su dolor y entonces lo que le dieron fue una galleta. Y la mañana siguiente a la tragedia, en medio de las construcciones en ruinas y capeándose los escombros, los muchachitos haitianos jugaban futbol.

martes, 5 de enero de 2010

La ignorancia peligrosa

Hace algunos años, se decía que la cultura general de un periodista era un océano de conocimientos de un centímetro de profundidad. Las cosas han cambiado y ya no es océano, sino charco. Eso sí, la profundidad se mantiene.
¿Estaría usted tranquilo si su dentista no tuviera dos dientes del mismo color? Pues piense entonces en lo peligroso que es el que la persona que lo informa no esté informada.
Desgraciadamente, en Costa Rica, el periodismo ha dejado de ser una profesión seria. Se tardaron muchos años en perder la credibilidad y el profesionalismo y, por tanto, es de esperar que también se tarden muchos años en recuperarse.
Hoy los periodistas están tan ocupados jugando a la celebridad (caritativa o pachanguera) que no se toman la molestia ni de verificar datos. Aquí van tres botones de muestra: la semana pasada afirmaron en La Nación, que Elizabeth, la actual reina de Inglaterra, es la monarca inglesa con más años en el cargo. Lo cual no es cierto, ya que dicho record lo tiene la reina Victoria. Cuando don Tony Pacheco fue electo presidente de la Asamblea Legislativa, afirmaron que nunca antes alguien había estado en la presidencia del congreso tantos años. Lo cual es falso, porque don Arturo Volio Jiménez fue casi el Presidente permanente del Congreso en las décadas de los 20 y 30 del siglo pasado. Y cuando eligeron a Evo Morales presidente de Bolivia, declararon que era la primera vez que había un presidente indígena en América Latina, cuando el primer presidente indígena fue ni más ni menos que Benito Juárez.
Claro, la reina Victoria, don Arturo Volio Jiménez y Benito Juárez tal vez formen parte de la historia antigua para un periodista contemporáneo.
Como dijo Mark Twain, el problema no es lo que ignoramos, sino lo que estamos seguros de saber y es falso.

El abrazo


El 24 de diciembre del 2008, durante la procesión de entrada de la Misa de Gallo, la suiza italiana Sussanna Maiolo (Sussana con doble S y con doble N) saltó la barrera y se avalanzó hacia el Papa Benedicto XVI. Los guardias pudieron atajarla a pocos centímetros de alcanzar al Pontífice y el asunto no pasó a más. Al año siguiente, 24 de diciembre del 2009, de nuevo en la procesión de entrada de la Misa de Gallo, la Sussanna, ya con experiencia previa, calculó mejor el momento de dar el salto y no solo logró colgarse de las vestiduras del papa, sino que se lo trajo al suelo junto con el cardenal francés Roger Etchegaray. El Papa salió ileso, pero el cardenal Etchegaray,de 87 años de edad, acabó con una fractura de fémur que lo llevó al quirófano.
Lo primero que dijo la Oficina de Prensa de la Santa Sede, es que la mujer padecía de problemas mentales. Lo mismo habían dicho de aquel otro visitante que, en medio de su entusiasmo desbordado, saltó para treparse al papamóvil. Haciendo a un lado la rapidez con que esta depencia expende certificados de demencia, hay que mencionar que la Sussanna, doble S doble N, en la primera que pudo declaró que su intención no era hacerle daño al Papa, sino, simplemente, darle un abrazo. Si Juan Pablo II fue a visitar a quien lo cosió a tiros, supuse que quizá Benedicto iría a darle un abrazo a Sussanna, para poder así volver a caminar tranquilo en las procesiones en que le toca participar, que son muchas. El papa decidió no exponerse a una fractura de fémur (hay que escarmentar en cabeza ajena) así que no fue personalmente, sino que envió a su secretario, el padre Georg Gaenswein (quien tiene fama de guapo) a que le diera un rosario a la muchacha y la felicitara por el año nuevo.
¿Moralejas?
Básicamente dos. Primero, que los escoltas vaticanos reciban entrenamiento de parte de guardaespaldas de candidatos presidenciales o de estrellas de rock, para que aprendan como permitir los abrazos de los fans con orden y sin fracturas. Y, segundo, que la Oficina de Prensa de la Santa Sede, deje de calificar de enfermo mental a cuanto atarantado se desboca en su místico esplendor, porque podría crear dudas sobre la cordura del fan club papal.